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TITULO ADIOS

Una noche, Valoria soñó que volvía a estar en la playa, jugando con su antigua cometa roja.

    Habían estado juntas mucho tiempo, con sus buenos y malos momentos. A pesar de que la cometa estaba lejos, y solo las unía un delgado hilo, se había convertido en algo muy importante en su vida. Casi imprescindible. Pero, aunque juntas se lo pasaban genial, Valoria sabía que, tarde o temprano, la cometa se iba a marchar. Estaba en su naturaleza el no permanecer mucho tiempo atada y dejarse llevar por el viento. Y sus dedos, los dedos de Valoria alrededor del delgado hilo, eran lo único que se lo impedía. Por eso Valoria la llamaba “la Cometa Adiós”.

    Cuando llegó el día, Valoria rompió a llorar y apretó el cordón con todas sus fuerzas contra su pecho. Por primera vez, la Cometa Adiós se acercó a ella, le acarició el pelo y le dijo: «El adiós es natural, Valoria. Tienes que aprender a despedirte y ser consciente de ello. Pues detrás siempre hay un “Hola”. Si de verdad me quieres, tienes que ser capaz de dejarme ir».

    Con los ojos como dos estrellas en la penumbra, Valoria asintió. Se acercó a la orilla del mar y contempló las olas que venían y se iban como si nada les importase. Pero que, al menos, se llevaban las lágrimas que caían.

    «Gracias», la Cometa Adiós sonrió. El viento soplaba muy fuerte. Valoria extendió un brazo y, lentamente, con el mayor esfuerzo que había realizado en su vida, abrió los dedos de su mano.

    Sentada en la arena, observó cómo su Cometa se perdía para siempre, pero feliz, sobre las nubes. Y entonces Valoria, sorprendida, se sintió tan ligera como ella. Había comprendido que, por muy lejos que estuviera su Cometa Adiós, siempre seguiría volando en su interior.

Óscar Soria

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